Astorga tiene muchos motivos para visitarse y, en gran medida, responde a su patrimonio histórico. Porque aunque en León y a lo largo de toda la comunidad castellanoleonesa hay más de una ciudad heredera de Roma, pocas conservan como ella un diálogo tan fluido entre pasado y presente.
Aquí resulta difícil saber dónde termina lo antiguo y comienza lo moderno. Durante veinte siglos la ciudad actual creció capa a capa con la romana, sumando siglos sin borrar del todo las huellas de quienes la habitaron antes: astures, romanos, peregrinos y arrieros maragatos.
No en vano, deviene una parada imprescindible del Camino de Santiago y una de las escapadas culturales más completas del noroeste peninsular. Patrimonio, arquitectura modernista, tradición jacobea y gastronomía con personalidad propia conviven en un puñado de calles que invitan a descubrirla a pie y con mucho apetito cultural.
Antes de ser Astorga
Astorga fue -y sigue siendo- Asturica Augusta, la ciudad fundada por Roma tras las guerras astur-cántabras y convertida en uno de los centros administrativos más importantes del noroeste hispano.
Tal legado ha dado a la localidad joyas patrimoniales como la Ergástula romana, una galería abovedada que formó parte del foro romano y que hoy alberga el Museo Romano; los conjuntos termales, la red de alcantarillado o la célebre Domus del Mosaico del Oso y los Pájaros, una vivienda perteneciente a una familia acomodada de la ciudad.

A pocos kilómetros del casco urbano merece también una visita Castrillo de los Polvazares, declarado Conjunto Histórico-Artístico y considerado uno de los pueblos maragatos mejor conservados de España.
Pero Astorga es mucho más que herencia romana. La ciudad guarda un fuerte vínculo jacobeo al ser un punto clave de en el camino francés para hacer el Camino de Santiago. Esa mezcla de influencias alcanza una de sus expresiones más sorprendentes en el Palacio Episcopal diseñado por Antoni Gaudí. De estética neogótica y casi de fantasía, representa una de las obras más singulares del arquitecto catalán fuera de región natal y dialoga visualmente con la cercana Catedral de Santa María. A todo ello se suman plazas, conventos, murallas y antiguas rutas comerciales que retratan el ambiente medieval.
La fiesta de Astures y Romanos cuarenta años después
La celebración más icónica de Astorga es la fiesta de Astures y Romanos, que en esta ocasión se festeja del 23 al 26 de julio. No obstante, se remonta a 1986, en homenaje al bimilenario de la fundación de Asturica Augusta.
Cuarenta años después, lo que comenzó como una recreación de un circo romano ha terminado convirtiéndose en una de las tradiciones históricas más importantes de España que aspira a obtener el título de Fiesta de Interés Turístico Nacional. Cerca de 1.900 socios, organizados en 26 tribus astures y 32 domus romanas, participan en una recreación donde las vestimentas, el armamento, las construcciones efímeras y los objetos de la vida cotidiana resultan tan verosímiles que parecen transportar la ciudad hasta finales del siglo I a. C.

El resultado no es un simple espectáculo temático, sino una iniciativa de valor cultural y de divulgación histórica que involucra a vecinos, visitantes e historiadores.
El sabor de la Maragatería
Toda escapada memorable necesita una buena mesa. Y en eso Astorga no falla, porque si su patrimonio explica cómo se construyó la ciudad, el cocido maragato ayuda a entender quiénes la habitaron. La receta emblema de este territorio lleva el sello de los arrieros que durante siglos hicieron de la Maragatería una tierra de comerciantes y viajeros.
El cocido maragato es, ante todo, un desafío a las convenciones. Servido en el célebre orden inverso —primero las carnes, después los garbanzos y finalmente la sopa—, resulta la expresión gastronómica del carácter y la historia de la comarca. La experiencia completa invita a degustarlo en las inmediaciones del Castrillo de los Polvazares entre calles empedradas y casas de piedra.
No obstante, del recetario destacan otros tantos imprescindibles, herederos de la gastronomía maragata como el bacalao al ajoarriero, el pulpo y el congrio, o la cecina de León.
El punto dulce de la cocina astorgana lo ponen las mantecadas de Astorga, que cuentan incluso con una Indicación Geográfica Protegida, los hojaldres y los merles, y el chocolate, fruto de una tradición industrial que convirtió a la ciudad en una referencia nacional. De hecho, para quienes quieran descubrir esa estrecha relación con el cacao Astorga cuenta con un Museo del Chocolate, para degustar y conocer su historia también desde el paladar.
Información práctica
Ubicación: Astorga, al suroeste de la provincia de León, en la comunidad autónoma de Castilla y Leóna.
Distancia desde Madrid: aproximadamente 2 horas y 15 minutos en tren directo y unas 3 horas por carretera.
Visitas imprescindibles: el Palacio Episcopal de Gaudí, la Catedral de Santa María, los restos de Asturica Augusta, el Museo del Chocolate, el casco histórico y una visita a Castrillo de los Polvazares, uno de los pueblos maragatos mejor conservados.
Qué comer: cocido maragato, cecina de León, bacalao al ajoarriero, pulpo, mantecadas de Astorga y chocolate artesano.