Imagen superior: Exposición Par Sympathie. Cedida por Galería Río & Meñaka
Par Sympathie (III) llega a Río & Meñaka una de las galerías madrileñas más vinculadas a las prácticas artísticas experimentales y multidisciplinares. Desde allí, González Sosa toma como punto de partida la simpatía vibratoria —la capacidad de un cuerpo para vibrar por influencia de otro sin necesidad de contacto directo—aunque no precisamente para hablar de física, sino de relaciones humanas.
La simpatía vibratoria deviene metáfora de todas aquellas experiencias invisibles a los ojos pero no a las emociones: un recuerdo capaz de alterar el presente, una asociación con un lugar o incluso la influencia de una persona que ya se ha marchado. Y, al mismo tiempo, invita a la escucha en tiempos saturados de estímulos y ruido.

Anatomía de un instrumento ausente
La experiencia de Par Sympathie (III) se despliega casi por capas. A primera vista, son solo pianos desmontados, como en su estado más puro: sin teclas, cuerdas o mecanismos, sólo susceptibles a vibraciones.
Luego, la mirada va hacia su interior. El piano desmontado no es otra cosa que un esqueleto acústico, la estructura que hace posible la resonancia: ¿Qué hace que ocurra? ¿Por qué una vibración se propaga y otra desaparece? o mejor ¿Qué nos conforma a nosotros?
Lo más valioso es que estas estructuras no permanecen en silencio. A través de transductores, González Sosa activa las tablas armónicas con composiciones elaboradas a partir de grabaciones, conversaciones y las últimas notas interpretadas en cada piano antes de su desmontaje. La vibración abre, entonces, una reflexión sobre la memoria y sobre todo aquello que permanece, incluso después de desaparecer.
La conversación deja de girar en torno al piano. La obra no está hablando sólo de sonidos, sino de las relaciones humanas. A partir del fenómeno físico, González Sosa invita a reflexionar sobre que nuestro pensamiento y comportamiento vital no es más que el eco de recuerdos, lugares y personas que han ido dejando huella. Una poética sonora que no puede explicar mejor el sentido de sujeto social del ser humano.

Más allá de la acústica
En el fondo, Par Sympathie (III) parte de una idea sencilla: somos el resultado de nuestras experiencias. Aunque esta intuición ha atravesado la filosofía, la psicología y la literatura durante siglos, muchas veces permanece en el terreno de la abstracción.
Con esta obra, González Sosa logra una imagen tangible. A fin de cuentas, si un piano es capaz de resonar por la influencia de otro, ¿qué nos hace pensar que nosotros no estamos igual de permeados por aquello que sucede a nuestro alrededor?
La operación tiene algo de arqueología y algo de cirugía. Pero también recupera una pregunta universal que acompaña al pensamiento occidental desde Aristóteles con su idea del ser humano como un ser relacional hasta Ortega y su “Yo soy yo y mi circunstancia”.
Leída desde esta perspectiva, la instalación habla también de la ausencia. No de una desaparición física, sino de aquellas presencias que siguen actuando emocionalmente sobre nosotros, mucho después de haberse marchado.
Quizá la idea más sugerente de la muestra resida en su lectura relacional. La simpatía vibratoria cuestiona la idea de los cuerpos aislados. Ninguna resonancia existe por sí sola. Trasladada al ser humano, esta lógica invita a recordar, en tiempos de hiperindividualizaciones, algo tan simple como fundamental: estamos hechos también de aquello que nos rodea.
Información práctica
Dirección: Calle Conde de Aranda, 20, 28001 Madrid
Fechas: Hasta el 1 de agosto de 2026
Horario: De lunes a viernes de 10:00 a 20:00 horas. Sábados de 10:00 a 14:30 horas. Domingos cerrado.
Entrada: Gratuita