Existen estilos que levantan el ánimo y el alma, no sólo el ritmo y las ganas de comerse el mundo. Eso es algo que consigue el power pop, a base de guitarrazos, grandes melodías aceleradas y plenas de luminosidad y energía.
El power pop australiano vivió un momento pletórico en los 90. Muchas bandas, entre ellas los DM3 de Dom Mariani, giraron a lo largo y ancho de nuestra geografía gracias a unas cuántas promotoras que apostaron por estos sonidos. Un sonido que encajaba muy bien en la Malasaña de entonces. Anoche Pyramidiacs recordaron el extinto Flamingo como local emblemático, al que dedicaron These Days.
Madrid era el cierre de esta gira de siete fechas organizada por Heart Of Gold. El cuarteto australiano de Fairfield, en los suburbios de Sidney, venía a rememorar su segundo álbum Teeter Tooter (Ranezz Records, 1996) que cumple 30 años. Y lo hicieron recordando su tres memorables álbumes, el ya mencionado al que añadir un magnífico Teenage Complications (Rock Indiana, 1998) y a Nobody’s Fool (Rock Indiana, 2001).
Su concierto madrileño comenzó con la rabia de los cuatro primeros cortes de Teeter Tooter. Call You’Round es puro voltaje. The Cleaner contiene pegada, pero posee unas guitarras que afilan, se relajan, van y vienen. Waiting podría recordar a The Lemonheads de Mrs. Robinson; la banda de Evan Dando estuvo cerca del power pop. There’s Always Something es pura elegancia pop, con algún flamante solo de guitarra. Impecable el cuarteto con Mickster Baty (batería), Bill Gibson (bajo y voces), Eddie Owen (guitarra, voces) y Mick O’Regan (guitarra, voces). Nos encantan esas combinaciones a dos y tres voces.
El power pop quizás tuvo su gran hito cuando Adam Schlesinger, bajista de Fountains of Wayne, compuso la canción original That Thing You Do de la película homónima escrita y dirigida por Tom Hanks, que contaba las peripecias de una banda de los 60, The Wonders.
Anoche también sonaron inmensas medios tiempos como It’s Not Time o One Way Or The Other. La descarga de Take a Bow es puro chicle que estiras, estiras y prolonga el poder mágico de las guitarras. También sonaron inmensas Pretend y I Can’t Hide del álbum Teenage Complications, con rescate de Tuesday’s Girl, de su primer álbum de 1994.
En la recta final desplegaron un cuadrante perfecto: deliciosa These Days que resume melodía, bajo, guitarras energizantes y buenas líneas vocales a coro; Coming Down suena a una mezcla perfecta entre los mejores Redd Kross y Teenage Fanclub; Can You Feel It? también posee la rabia marca de la casa; y una soberbia Fockle, una de sus mejores canciones, cerró el repertorio del concierto. La banda sonó totalmente impoluta y contundente. Como bis sonó como un torbellino The Seeker, el clásico arrollador de The Who. Menudo festín. La música vigorizante nunca muere.