Mark Sandman (1952-1999), el bajista de dos cuerdas que lideraba la banda bostoniana Morphine, falleció de un paro cardiaco en un concierto en Palestrina, Italia. Fue un trío único que apostó por combinar, pop, rock, jazz, swing…
De reinvenciones y reformulaciones anda sobrada la vida. La de Vapours of Morphine prolonga la sombra alargada de una banda única, Morphine, que fue sorprendente, original y fascinante. Arriesgó en planteamientos, sonoridades e instrumentos: sólo a alguien creativo como Mark Sandman se le podía ocurrir tocar con un bajo de sólo dos cuerdas; y que el bajo suene rítmico, grave, emocionante.
A Dana Colley le pidieron tocar en 2009 en el festival Nel Nome del Rock Festival de Palestrina, donde falleció Sandman tocando en directo diez años antes. Colley llamó Jeremy Lyons y a Jerome Deupree. Y la banda surgió como un homenaje a Morphine, la banda madre y con los años publicaron dos álbumes: A New Low (Autoeditado, 2016) y Fear & Fantasy (Schnitzel Records, 2021)
Anoche en Madrid comprobamos que algunas canciones conectan con el espíritu de Morphine. De hecho, Souvenir y Sheila, que tocaron, son canciones de la banda madre. Otras se van hacia la improvisación, el mambo (Drop Ou Mambo) o el afro jazz (Renouveau). Pero lo que realmente se mantiene es el legado de Morphine, que recorren a lo largo de sus canciones, de su repertorio. La banda suena endiabladamente bien en directo. Tom Arey es un perfecto baterista. El timbre de voz de Lyons recuerda al de Sandman y toca a la perfección el bajo de dos cuerdas, y la guitarra.
Aunque la excusa de la nueva banda tenga dos álbumes, la verdad es que todo gravita entorno a Morphine. No es que tengan malas canciones pero la diferencia es notable cuando tocan las nuevas. Algunas siguen la estela de Morphine, unas atrapan, otras son otra cosa, no mejor, ni peor, sino otro estlo. Así que cuando sonaron temazos como Buena o Thursday, la cadencia lenta y etérea de Like Swimming, el pulso de Whising Well, la maravillosa I’m Free, la sala se llenaba de esas atmósferas vaporosas, inquietantes y animadas de una banda original que supo crear algo totalmente novedoso. Con groove, swing, introspección y cadencia.
Es cierto que Jeremy Lyons no es Mark Sandman, pero da el tipo, se acerca de una manera asombrosa a su registro y a su estilo (voz y manera de tocar el bajo. No deja de ser la mejor versión posible (¿cover band? me niego a denominarlos así) con un miembro original como Dana Colley.
Esos bajos vibrantes, resuenan y siguen vigentes, acompañados de un eficaz y virtuoso Tom Arey a las baquetas. Los saxos de Colley crean esos tejidos, brumas y densidad, o el lado canalla y festivo. Qué bueno es reencontrarse con bandas que dejaron huellas, aunque falte esa pieza fundamental. Fue un delicioso reencuentro otoñal con Morphine.