Quique González © Fernando Maquieira
La idea partió de Gloria González, de la agencia de comunicación G&G News, que trabaja llevando la prensa y comunicación de Quique González. Nos invitaron a almorzar en el club de socios de The Library (Serrano, 2), un espacio de lujo para los amantes del vino, con una bodega espectacular. Nos instalamos en su espacio reservado para los socios del club.
Pedro y Quique son dos viejos amigos. Se conocieron con 19 años. Pedro fue durante un breve período mánager de Quique y consiguió que, con su primera banda, Dick Turpin, actuara en las fiestas de Hortaleza.
Este acaba de publicar 1973, un álbum que cuenta con una colección de canciones fabulosas. Su nueva gira arranca el 21 de noviembre en Guadalajara. En Madrid tocará el 7 de febrero en el Teatro Circo Price.
La larga conversación discurre cercana, y regada con buen vino entre cecina de Wagyu, unas setas guisadas con huevo poché y jamón serrano, un roast beef y tarta de queso de postre.
¿Hacia dónde mira este álbum?
Quique González: En el anterior álbum aún estaba buscando. Con este cambia la forma de mirar. Es como que ya estás ahí colocado en el sitio.
Pedro Mercado: Es “dónde colocas la cámara”. La pones en un sitio distinto.
QG: Totalmente. Está bien ese símil.
PM: Y no miras solo por tus ojos, miras por los ojos de tus hijos. En cómo les va a afectar el mundo a ellos. De hecho, S.T.U.O.P.E.T. u Oro líquido son canciones más filiales. Pero, hay otras que, sin serlo, tienen el foco puesto en el modo en el que puede afectar a los que vienen. Y yo lo veo como destilado en el disco. A mí me vuelve loco.
Se percibe de inmediato todo el trabajo que hay detrás de este disco.
QG: Ha sido muy farragoso, pero al final creo que se abren paso las canciones y la actitud con la que te tomas las cosas. Es otro disco que está bañado con los vinos de Pedro. Desde antes de Salitre 48. Hay algo inspirador para mí en sus vinos.
PM: Te cambia la perspectiva del mundo cuando tienes un hijo. Pero no esta cosa romántica de mi hijo me ha cambiado la vida. Y en este disco veo mucho eso, más que en el anterior. Uno tiene que acostumbrarse a ser padre. Pones la mirada en otros sitios. Es inevitable eso. En las últimas escuchas el disco me lleva al Dylan de los 70. Para mí, por lo menos Street-Legal, Budokan… Ese mundo, las cancoiones de los coros… Coleccionistas es una de ellas.
QG: Hay coros gospel en Cheques falsos y en Preguntas sencillas.
PM: Podría haberme llevado a otro sitio. A mí me lleva a Dylan porque soy un dylaniano.
QG: Somos de la religión.
PM: Dylan no tenía problema en meter un coro góspel con una letra potente, e incluso con una letra hasta melancólica y con la alegría detrás.
QG: La alegría y el misterio que dan los coros góspel… De repente abren las canciones. Lo habíamos utilizado en Copas de Yate, el disco de versiones que hicimos, para probar cosas. No he sido mucho de coros. Cuando descubrí a Nina, de Morgan, y giró conmigo, fue brutal. El público se rendía a sus pies. En principio cantaba en cuatro o cinco canciones, y acabé diciéndole que se quedara en todas.
PM: Tienes una cualidad especial, no ya solo para identificar el talento, sino para proyectarlo y alegrarte del éxito del talento de los demás. Es algo que te ha acompañado siempre. Es una generosidad muy especial y natural. Siempre y cuando esos temas no traicionen determinados valores morales con los que tú te sientes vinculado. Pero no es muy frecuente que, cualquier profesional, proyecten tanto a otros de su mismo gremio, como lo haces tú. Que hables tan bien de la gente. Nosotros no podemos tener amigos que no sean buenos y generosos. Ser bueno es impepinable, pero hay que ser generoso para poder sentarte en nuestra mesa.
¿Contigo han hecho lo mismo, Quique? ¿Te ha dado alguna oportunidad alguien, algún ídolo?
QG: Enrique Urquijo, mismamente. Con el hecho de que me pidiera una canción, ya estaba demostrando mucha confianza en lo que hacía. A veces solo hace falta eso.
Gloria González: En el caso de Pedro llegó a un mundo tan complicado, y tan cerrado como es el del vino. Y en cinco años estaba poniendo las cosas patas arriba.
PM: Cumplimos 20 años en la bodega, esto ha pasado muy deprisa. He llegado al mundo del vino ya con trayectoria y mayor. Este sector está muy basado en el tiempo, tardan mucho en otorgarte el respeto. Veinte años después, todavía sigo sintiendo como que vengo de fuera con determinadas personas que estaban aquí antes que yo, como si yo no fuera del sector. Sin embargo, con los que vienen por detrás de mí, con los jóvenes, con los chavales, sí que noto un respeto grande.
No tuve como tal un mentor al principio, sí que tuve gente que me ayudó mucho en los inicios, pero no del mismo modo, es de otra manera, me ayudó compartiendo conmigo sus conocimientos. Era gente muy de base, muy de vino de pueblo. Yo traía un bagaje, y nos intercambiamos cosas. Fue bonito.
En los últimos diez años he procurado hacer desde mi posición todo lo que he podido para ayudar a los chicos que vienen por detrás. En los años que fui profesor de Enología en la Politécnica con más facilidad. Muchos de esos alumnos míos, hoy en día son personas muy respetables en el mundo del vino.
¿Cómo sabéis, cada uno en vuestro terreno, cuándo algo está en su punto, un vino, una canción?
QG: Cuando te mueve, cuando te emociona. Cuando te inspira, cuando te empuja a hacer cosas. Pero creo que tiene que ver sobre todo con lo que uno siente.
PM: En el vino es exactamente igual. Voy a la bodega, cojo un vino en proceso, me lo llevo a la nariz y de repente hay algo que te conmueve algo dentro. Y dices, esto ya está. No hay ciencia ahí.
QG: Es que hay algo también de misterio, por lo menos en las canciones, que no se sabe muy bien por qué unas canciones te rompen el alma y otras canciones pues no. Igual tienen mucho más éxito, pero no te mueven ni la pestaña. Luego también está el efecto de llamada de lo que se pone de moda. Estoy seguro de que hay un montón de vinos que tienen mucho más sitio que los vinos de Pedro pero que no tienen ni el trabajo, ni la artesanía, ni la elaboración, ni la magia. Pero han sabido colocarse de alguna manera. Creo que Pedro sí que tiene el equilibrio, porque es muy inteligente y porque sabe el mundo en el que vive, de haber colocado, sus vinos y su bodega saliendo del sitio más difícil de España como es Extremadura, y ponerlo en el mapa. Hace falta tener mucho talento para eso. Y no es casualidad porque no son vinos estándar, no son vinos para todo el mundo, aunque los pueda hacer. Pero para él es un reto todo esto. A mí parece inspirador Pedro desde siempre, una capacidad de trabajo y de estar de verdad encima de las cosas, que no tiene nadie. Es admirable. Es expansivo, totalmente.

Cada uno elige un camino. Seguro que es algo que os habéis preguntado los dos, a posteriori, seguramente ¿Cómo he elegido este camino? Al final haces descartes, pero vas construyendo un estilo. A veces es algo que no piensas, pero seguro que hay algo que te orienta. Tienes tu propia brújula que a lo mejor es inconsciente.
QG: En mi caso creo que no es inconsciente del todo. Siempre he escrito canciones más por impulso y por intuición. Incluso hoy en día cuando estoy empezando a escribir una canción me gusta no saber hacia dónde va, y que siga existiendo el misterio. A veces no va a ningún lado, y la tiras y se queda ahí.
GG: Yo desde fuera lo que veo es que sois un poco gemelos. A donde va vuestro arte es hacia adentro. Vosotros vais hacia vosotros mismos. No hay una pretensión de ir hacia afuera o de aparentar o de querer ser otro, sino que es una búsqueda interior que en va evolucionando y va tomando forma, y lo vais incorporando. Y es un proceso natural porque es honesto.
Si ya no te identificas con esa canción dejas de tocarla en giras. Los descartes a veces van por ahí. Una canción ya no te representa cómo te representó en su momento.
QG: O que no le ha sentado bien el paso del tiempo. Nunca he grabado una canción y he publicado una canción de la que no estuviera seguro. Y eso no significa que todas las canciones sean buenas. En aquel momento me sentía identificado, pero ahora no. O el tiempo las ha pasado por encima y están desvirtuadas ahora. Normalmente te pasa con las canciones que escribes más joven. Cuando empiezas todavía no te pasado nada como para escribir.
PM: Te han pasado cosas que te han movido para la siguiente canción. Pero en realidad tendemos a quitarle importancia.
Decías cómo se construye un estilo y es que en realidad no se construye un estilo. El estilo viaja contigo. Gloria decía que el estilo se construye mirando hacia adentro, más que mirándote hacia afuera. Yo creo que no hay un estilo como tal. Mis vinos originales de 2007, cuando hago la primera añada, son muy distintos a los de ahora porque mis gustos también son distintos. Porque mi paladar y mi nariz son distintos. Y porque me he hecho más mayor y ahora me gustan los vinos más delicados que antes.
Con 28 años arranco a hacer vinos. Todo era nervio. Me gustaban los vinos masticables. He ido cambiando mi estilo. Va evolucionando con el tiempo. Cuando coges la foto completa, parece que hay un estilo, pero si fueras trozo por trozo comparando, en realidad es una evolución, no hay un estilo. Salitre 48 y Sur en el Valle son dos discos de la misma persona. Hay un estilo, claro. Pero también hay una evolución. Es más, en nuestros músicos de referencia ¿Cuál es el estilo de Dylan? ¿Cuál es el estilo de Tom Petty? No sé, no hay un estilo como tal.
GG: Cuéntanos algo de este vino, anda. Tiene un color increíble.
PM: He elegido este vino porque es un vino que a Quique le encanta, que ha acompañado a sus discos últimamente mucho. Ésta es la añada nueva de Barbas de Gata. La hemos traído hoy en primicia. Este vino es un ejemplo muy claro de un proceso de evolución. Yo no hacía este estilo de vinos hace 15 años.
QG: Yo creo que está más fino que nunca este Barbas. Y Alunado también, pero éste lo conozco superbien.
PM: Yo conozco las canciones por Quique. Y el proceso de construcción, el proceso, es el sufrimiento. El mayor punto en común es el sufrimiento. Creo que la mayor similitud entre él y yo es el sufrimiento.
Ambas profesiones tienen mucho de trabajar en equipo, de compañeros de viaje. Se va seleccionando, sabiendo cada vez qué es lo que necesitas. Y eso también lo da la experiencia. ¿Qué es lo que te pide este disco o este vino?
QG: En el disco es importante cada persona que interviene durante el proceso. Nadie va a poner el cariño que le pones tú a lo tuyo, ni las horas, porque la gente tiene también otras vidas y esto es solo lo tuyo. Tú estás todo el rato pensando en esto. Con que un elemento no lo cuide con cariño, eso puede hacer que se derrumbe todo.
PM: El equipo es crucial. Una etiqueta mal pegada en una botella estropea el trabajo de cinco años. Hay una figura del equipo fundamental, que cuando tú estás ya a punto de decir que sí por agotamiento, te dice no. Esa figura es fundamental. Al final somos pequeñas empresas. Yo reivindico mucho la palabra empresario, tan denostada en muchos sitios. No me gusta nada emprendedor. Empresario es la persona que emprende algo, un camino, no es alguien con traje y corbata que vende acciones en Wall Street. Y normalmente cuando emprendes un camino alrededor llevas un equipo que es crucial para ti. Por otro lado, dependen todos de ti.
Luego está el dilema de mantenerse en la independencia o dar un paso para tener más medios de distribución, como con una multinacional. En el mundo del vino quizá no es tan equiparable pero también puede que te venga una gran marca y te quiera comprar la bodega.
PM: Hay distintas formas de que eso pase, una esesa, pero hay otra que es que venga una gran cervecera porque quiere que le hagas su vino de copeo. O que patrocine tus conciertos. En el fondo es lo mismo. No difiere mucho. Si a esa gran cervecera le dices que sí, vas a vender media millón de botellas de vino fáciles. Esto entra por aquí y sale por allí. Y cobro. Y dices, tal vez debería hacer esto, porque esto paga las nóminas, hace que la gente esté tranquila. Pero claro, si voy a tener que hacer el vino éste de cualquier manera y va a salir de nuestra casa a algo que no es lo que yo quiero que salga. Para eso dices que no, y ya está. Es decir que sí y que no a un contrato. También te lo tienes que poder permitir. Yo entiendo a quién lo hace, porque no se lo puede permitir. Es comprensible. Ser fiel a tus principios, pero hay que pagar la facturas.
QG: Sí, pero a veces eso es pan para hoy y hambre para mañana, ¿no? Hay gente que ha hecho encargos para otros, para luego pagar sus proyectos personales.
PM: Esto ya es una vivencia muy personal, yo lo he vivido, lo vivo. Creo que, sin la angustia económica, sin el vértigo de que el proyecto pueda no ser viable económicamente, ese sufrimiento suma de alguna manera a que el producto de tu trabajo sea lo que tú quieras que sea. Al haberlo puesto todo sobre ello, das el 200 % de lo que darías en otra condición en la que estuvieras más tranquilo.
QG: No sabemos las circunstancias que ha tenido cada uno. Yo he estado grabando con multinacionales y luego he publicado mis discos con un sello pequeño con un equipo muy bueno, pero sin grandes expectativas tampoco. Depende de lo codicioso y de lo ambicioso que seas puedes hacer ciertas concesiones, digamos. Para mí es cómodo y saludable manejar bien tu propio entorno. A mí no me va a pasar, ni me ha pasado, pero si estuviera tocando en estadios no sé cómo lo gestionaría. De hecho, de la mayoría de compañeros y amigos que están en eso, no veo a ninguno que esté especialmente bien o más feliz, o que ese superéxito y esa superaudiencia les esté dando algún tipo de felicidad. Les está dando dinero, pero felicidad creo que no se la está dando. Yo es que tampoco soy muy ambicioso.
También que uno no elige tener un superéxito o no tenerlo. No quiero pensar en esto como que yo he querido quedarme ahí. El mejor consejo que te pueden dar en el mundo de la música, y probablemente en otros mundos, es si quieres tener una carrera larga, mantenla pequeña”, se lo dijo Pete Seeger a John Mellencamp.
A veces cuando todo se hace muy grande pierdes el control, tienes mucho menos control sobre lo que haces. Yo tengo una cosa pequeña, manejable pero bueno somos más de 25 personas, sabes, si estuviera llenando estadios habría 200 personas. Pero también a veces cuando hay una ola de éxito tan grande a lo mejor no puedes pararla.
PM: Puedes pararla hasta un determinado momento, pero hay un momento en el que ya no. Esa lucidez en cierto punto ya es complicada. Hay una frase que me encanta, «hay que crecer hasta la ruina total». Todo lo que pasa en el medio tú ya no lo controlas.
Desde los 30 años que llevo en el mundo de la empresa contemplo la vida desde una perspectiva ya de empezar a ser un poco mayor. Me doy cuenta de que he hecho un montón de cosas que creía que tenía bajo control, y no tenía una mierda de control sobre nada, y que las cosas iban pasando. Entonces el éxito que llega de repente y te arrasa, creo que tú o yo ahora sabríamos manejarlo o controlar en qué momento y hasta dónde. Lo paro y lo llevo hasta donde quiero. Seguramente con 35 nos hubiera gustado más que ahora, porque nosotros nos hemos acostumbrado a vivir de este modo. Y en cualquier ámbito de la vida, ese tamaño, volumen, esos estadios llenos o esas bodegas, no suelen traerte una vida más satisfactoria. Yo no mido mi vida en felicidad, yo la mido en satisfacción. Me basta con llevar una vida satisfactoria, con eso ya estoy bien. Y la vida satisfactoria rara vez está unida a grandes empresas, a grandes éxitos.
QG: Este Barbas es muy bueno. Es el mejor Barbas de Gata que he probado. Y el anterior era mi favorito. Pero es que esto…
PM: Es que creo que este Barbas va un pelín más allá. Vamos aprendiendo.Pero seguramente el bebedor habitual de Barbas le pasa como al fan habitual de Quique. Que conel disco nuevo. Yo no me esperaba esto, yo quería lo que ya conocía. Y a mí me gustaba esto. Ahora habrá un proceso con esto.
QG: Yo es que mis artistas favoritos no quiero que hagan el disco que yo espero que hagan.Si un artista me gusta de verdad lo que quiero es que me sorprenda y que haga una cosa que me rompa la cabeza, aunque me cueste un poco más, fíjate. Porque es que también la música tiene mucho que ver con las vivencias y con lo que estabas viviendo en ese momento de tu vida. Igual no echas de menos el disco que yo hice hace 20 años.
¿Y creéis más en el azar o también en la causalidad? ¿El cambio lo provoca o que a veces hay cosas que se te escapan?
QG: Yo creo que hay cosas que se escapan. Bueno, a mí se me escapan continuamente.
PM: ¿Sabéis cuál es la principal causa de cáncer? El azar. La primera, el azar, y luego el tabaco. La vida es azar…
QG: A veces un error te hace llegar a un sitio que no pensabas.
Desde la publicidad se vende mucho la experiencia única como eslogan. ¿Cómo lo llevaríais a la música o al vino?
PM: Vivir experiencias, ¿no? Lo odio. Es de las palabras que menos me gustan. En el caso del vino es superfácil, porque ir a una bodega, meterte el viñedo y entender el proceso de elaboración es una experiencia brutal. Y no hay nadie que vaya y no se quede extasiado. Es poner los pies en la naturaleza. Aunque no lo pienses, tú sabes que como ser atávico, que estás ahí. Entonces entras y lo entiendes todo a nada que alguien te lo explique un poco: esta es la viña, de ahí sale una uva, aquí se transforma en vino y ahí te lo bebes tú. El futuro del mundo del vino está directamente relacionado con la experiencia del vino.