En la foto: detalle de la portada del libro "¡Todo sobre mí! Mis memorables gestas en el universo mundo del espectáculo", Mel Brooks (Ediciones del Kultrum) En la imagen inferior, portada de la revista el duende nº 67 (octubre 2006). Foto Joan Tomás
Mel Brooks es conocido por su obra como director y guionista de cine. Mucho menos como el creador de la serie de televisión Superagente 86, y solo los eruditos le señalarían como el productor de películas como El hombre elefante, de David Lynch, o el remake de La mosca de Cronenberg. Pero, además, como ha demostrado con el musical Los productores, este neoyorquino incansable es también un músico de talento.
Mil caras para una sola alma: la del rey de la parodia y de la incorrección política. «¡Anarquía! ¡Revolución!», grita al referirse al mundo del espectáculo, un mundo que en los 60 y 70 era más o menos libre pero que ahora, según él, está controlado por grandes corporaciones. «Las películas son tan costosas que ahora el negocio está controlado por piratas y asesinos que marcan lo que los artistas deben hacer o, si no, no te financian». Como alternativa, propone «salir a las calles con antorchas y quemar edificios».
Brooks se muestra en cruzada permanente contra el dinero, al que culpa de la falta de libertad en el cine y la televisión. Esto no impide que en los escenarios aparezcan personajes canallas como Max Bialystock, el productor inmoral a través del cual retrata descarnadamente el mundo de Broadway. «Todo lo que aparece en la obra es absolutamente cierto. Yo he trabajado con un productor que se dedicaba a sacarle el dinero a las ancianas. Y cuando estas señoras le firmaban un cheque y le preguntaban ‘¿cómo se llama la obra?’, él decía ‘al portador’».
Su descaro al dibujar el mundo al que pertenece le ha costado críticas. No contento con parodiar a gays y judíos («¿cómo voy a hacer una obra que hable del showbusiness sin hablar de gays y judíos si la mitad del showbusiness es gay o judío?»), en Los productores se mofa del nazismo. Cuando estrenó la obra en 2000, el New York Times recibió una avalancha de cartas acusándole de frívolo: “Lo siento, Mr. Brooks, no puedo sacarle el lado cómico a un bárbaro”. Él responde: «Si yo tuviera que preocuparme de las críticas, ahora estaría recogiendo naranjas en un campo de Florida. A veces es mejor causar un poco de sangre y ser políticamente incorrecto que perder la libertad».
Como artista polifacético, encuentra que «el teatro es pura democracia», ya que los presupuestos son menores y cada cual puede decir lo que quiera, y es el público quien decide. Es en el teatro donde Brooks desarrolla ahora su alma de músico. «Ya he compuesto las canciones para mi próximo musical, que se estrenará la temporada que viene en Broadway, y que es la versión de El jovencito Frankenstein, convertida en una gran ópera cómica con partituras grandilocuentes». De las veinte piezas que pueden oírse en Los productores, diecisiete son suyas, tanto letra como música.
Al no ser músico de conservatorio, necesita ayuda: «El éxito de Los productores se basa en el talento. Yo compongo las canciones y se las paso a Thomas Meehan. Él las mejora y las realza, como si las pusiera en un marco. Y después está el trabajo del reparto. La música puede estar muy bien, pero necesita de un intérprete. Cantando bajo la lluvia es una gran melodía, pero es Gene Kelly quien la hace mágica».
Sobre el elenco español de Los productores, afirma: «Santiago Segura y José Mota son los mejores Max Bialystock y Leo Bloom que podía imaginar». Incluso asegura que ha visto las dos primeras partes de Torrente y que le han gustado. También destaca el brillante papel de los secundarios: «La pareja gay está fantástica, la chica rubia, Ulla, el hombretón nazi… Entre todos consiguen una obra pasional y menos mecánica que el original de Nueva York».
Finalmente, y reafirmándose en su carácter incorrecto, señala que los mejores actores para un gran éxito serían los miembros del gobierno de su propio país: «Todos los días hacen cosas divertidas y ridículas. La administración Bush es la mejor parodia de sí misma».