Foto: Bad Bunny en concierto © Jaime Massieu.
Las reglas del juego han cambiado. De la mano de tres expertos vocales, Areh, Israel del Amo y Neus Aguer, analizamos una industria hoy debatida entre el algoritmo, la adicción al autotune y la homogeneización del talento.
El desembarco de Bad Bunny en Madrid, con diez históricos conciertos en el Metropolitano que congregaron a más de 800.000 personas, ha encendido más de un debate. Esta cita masiva ha llevado a profesionales del sector a cuestionar el estado de la industria actual. Para muchos lo del puertorriqueño es “digno de estudio”.
«Bad Bunny me parece un chico sin talento vocal, pero con buenas canciones y un equipo monumental a su lado. Y, aun así, de una forma que a mí me resulta difícil de entender, la gente lo apoya, vende millones de discos y llena estadios. […] De hecho, considero que, a nivel estético, tiene una voz bastante desagradable», señala Israel del Amo. Ante una industria musical «impredecible», las redes sociales han tenido mucho que ver: «la música se ha democratizado. Y él ha sacado partido de estas herramientas y ha sabido construir una identidad fuera de lo común, generar comunidad y conectar con millones de personas a través de su narrativa personal», opina Neus Aguer.
«Ahora prima el show. Todos van al concierto por FOMO. Me niego a creer que van porque se les eriza la piel escuchando a alguien que balbucea como si estuviera luchando por respirar», critica Areh, entrenador vocal con más de 800.000 seguidores en YouTube. Todo se reduce a una nueva norma social: si no estás, dejas de existir en las conversaciones de grupo y en el algoritmo de Instagram o TikTok.
Hace unos meses El Duende estuvo en el Lux Tour de Rosalía, otro de los fenómenos del momento y la otra cara de la moneda. «Ambos han contribuido a cambiar las reglas del juego», afirma Neus. Para Israel, nada que ver con Bad Bunny, «me parece una artista 360º, con una capacidad enorme de innovación y de desarrollar su propio proyecto y un nuevo concepto musical en cada álbum que saca», reconoce, aunque igualmente crítico: «no me parece una voz extraordinaria en sí misma, pero lo que hace, lo hace muy bien. En este último proyecto, se ha metido en un género musical que todavía no domina del todo, pero aun así lo defiende con mucha honestidad y autenticidad».

Por qué el oído humano se ha vuelto adicto al autotune
«No puedo vivir mi vida sin autotune», se escucha decir entre risas a Aitana justo al cierre de la grabación de Tu foto del DNI, su hit de 2020 junto a Marmi. El mercado musical vivió toda una revolución con la llegada de este en el 97 y se popularizó al año siguiente gracias a Believe, el icónico tema de Cher. «Nació como una herramienta para corregir pequeñas desviaciones de afinación en estudio, pero con el tiempo se ha ido abusando y se pierden ciertos matices vocales, aunque la voz siga siendo reconocible», asegura Aguer. Según Areh, «siempre se ha tolerado la imperfección vocal. A lo largo de la historia de la música ha habido voces que no eran perfectas, no lograban impresionantes agudos ni tenían una voz muy ágil y virtuosa. Sin embargo, sí tenían calidad interpretativa».
¿Está la industria tratando de homogeneizar las voces? Del Amo lo tiene claro: «Han cambiado las tendencias, la forma de consumir música y también la manera de producir las voces en estudio. […] Ahora se buscan cada vez más artistas completos, con identidad propia, una imagen fuerte, una marca clara y una forma de conectar con el público que va más allá de lo puramente vocal». De ahí que la música urbana esté en lo más alto porque «encajan muy bien las voces más procesadas, con afinación digital, autotune, compresión, ecualización muy presente y efectos que dan a la voz ese sonido moderno, casi eléctrico».
Estas nuevas tendencias, según nos cuenta el experto, no están directamente relacionadas con la técnica vocal. Que se utilice este efecto no siempre quiere decir que el artista no sepa cantar; «este tipo de procesamiento hace que las voces suenen más brillantes y, en muchos casos, más adictivas para el oyente», señala y añade que «desde un punto de vista físico-acústico, el oído humano es más sensible a las frecuencias agudas y esas son justamente las que se realzan en este tipo de producciones modernas».
Para Areh, la homogeneización no es precisamente el problema, «si, al menos, fueran voces con un mínimo de calidad. Pero lo que nos encontramos es que la calidad vocal de los cantantes mainstream está en el subsuelo».
Emoción vs técnica: cuando un «gallo» vende más que la perfección
«La emoción es lo más importante, pero sin un mínimo de técnica, no se transmite, no llega al público. Artísticamente pesa más la emoción. Físicamente, en tema de salud, la técnica es más importante. Lo ideal es que la técnica sea un vehículo para transmitir emociones. Esa es la combinación ganadora», subraya Areh.
Lo que está claro es que la demanda es diferente; antes el público quedaba encandilado con grandes voces, ahora se busca una experiencia más completa y un show que contemple varias incógnitas más allá de la propia voz. Un ejemplo de ello es el reciente regreso de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh. Mientras unos no han parado de criticar a sus fallos, otros «justifican desde la nostalgia ciertos momentos de falta de calidad vocal o de preparación, porque para ellos pesa más lo que representa emocionalmente que el resultado vocal en sí», apunta Israel.
En un momento en el que, además, la oferta es ingente, con lanzamientos en Spotify a diario, y cada vez más artistas en el radar, conseguir diferenciarse de los demás es tarea complicada para lo más emergentes. «Para mí, una voz memorable no es necesariamente la que tiene más potencia, más agilidad o la técnica más impresionante. Es la que tiene identidad y una gran capacidad de transmitir emociones», expresa Aguer. «Existe una tendencia constante a compararse con los demás y a perseguir un ideal de perfección que muchas veces les aleja de su propia identidad».
Con cientos de ejemplos en la industria, hay defectos vocales que llegan a convertirse en esa identidad que todo artista busca. «Llamamos defecto a algo que simplemente se sale de la norma o de lo que tradicionalmente se ha considerado una ‘voz correcta’. Y, sin embargo, algunas de las voces más reconocibles de la historia se construyen precisamente sobre esas particularidades», explica la experta. La voz rota o los gallos intencionados en la voz, son dos de los más utilizados. Del Amo se acuerda de Chiara Oliver, de Operación Triunfo 2023: «En el concurso le intentaban limitar este tipo de recurso porque, como yo siempre digo a los artistas con los que trabajo, lo poco gusta y lo mucho cansa».
Las voces de sus vidas
Después de tantos años escuchando música y trabajando con voces de todo tipo, los coach confiesan las que más les han marcado a lo largo de sus vidas: a Israel, sobre todo voces femeninas como la de Laura Pausini, Ariana Grande, Leona Lewis, JoJo, Nathy Peluso, Loreen o Carmen Boza; a Neus, Elton John, Ana Torroja, Michael Jackson, Whitney Houston, Eva Amaral, personalidades del jazz como Etta James, Ella Fitzgerald, Chet Baker o Nina Simone, o del rock de los 80, especialmente la de Bono, de U2 o Axl Rose, de Guns N’ Roses; y a Areh, Steve Perry, Michael Bolton, Mariah Carey, Luis Miguel, Cristian Castro, Camarón de la Isla, Parrita, Dimash, Michael Jackson, Pavarotti, Daughtry, Steve Tyler o Ella Fitzgerald.