Jean Michel Jarre sorprendió al mundo en los 70 con dos obras magnas como Oxygène (1976) y Équinoxe (1978). Sentó las bases de una electrónica para todos los públicos, más allá de unos pioneros como los alemanes Kraftwerk, que buscaron en un principio la experimentación pero también convirtieron en populares sus ritmos sintéticos.
Jarre viaja solo en este «Special Summer Tour 2026», que también le ha llevado a Valencia, Ibiza y al Starlite. Y lo hace rodeado de todas sus máquinas, secuenciadores, «sintes» modulares, cajas de ritmos, pads, etcétera. Por sorpresa nos muestra los entresijos, su laboratorio de creación de una canción, poniéndose una cámara en su frente, cuando acomete Équinoxe 7. Subyuga cuando interpreta Oxygène 2, también con la parte 4 y descoloca con la parte 19. Pero lo que gusta es que Jarre en directo parece un hechicero o un curandero de la música electrónica, como un maestro de ceremonias, en un oficio futurista y contemporáneo que sin epatar, convence y agrada.
Lo primero que impacta de su directo son sus visuales, tremendamente reveladoras de un mundo maquinal, con todo tipo de efectos y usos de la IA. En el arranque con Les Champs Magnétiques 7 podemos ver el rostro de Jarre tratado con un efecto de velocidad. Impresionan también los siete haces láseres que utiliza en directo, y la explosión de colores de las visuales. En todo su concierto recorremos lugares posibles, ideados en un más allá o distorsionados en el más acá, universos sonoros únicos como venidos del futuro pero integrados en nuestro mundo contemporáneo.
Ver a Jarre es ver a la historia de la electrónica y nos cautiva con todos sus desarrollos y cómo actualiza la electrónica por ejemplo en The Architect, una canción que compuso junto a Jeff Mills incluido en Electronica 2: The Heart of Noise (2016), que junto con Electronica 1: The Time Machine (2015) eran dos álbumes que recorrían la electrónica junto a músicos y bandas legendarias. También cautiva con la calma y las letanías de Zero Gravity junto a Tangerine Dream, o con el ritmo acelerado de Exit junto al discurso del científico Edward Snowden, advirtiendo de los peligros de la vigilancia gubernamental masiva.
Jarre se dirige a la audiencia alabando la cultura española como fuente de inspiración, desde Almodóvar, Dalí, hasta Albéniz y Rosalía. Subraya sobre todo la importancia de Europa en el nacimiento y desarrollo de la música electrónica. Lanzando vivas por España. Y felicitando la victoria de España contra Bélgica en el Mundial de Fútbol, añadiendo un “nos vemos en semifinales”.

En el repaso que realiza de su carrera conmociona la vigencia y la onda expansiva de Arpegiateur, con los matices futuristas y electro de Zoolookologie o Herbalizer, o en el punto clásico de Réevolution Industrielle 2. A su último álbum de estudio, Oxymore (2022) le dedica una parte importante, con Sex in the Machine como reafirmación de su legado y la pegada de la canción; o Brutalism y Epica, emergiendo entre esas brumas industriales.
Asistimos a la escenificación en vivo de un clásico absoluto. Con momentos gloriosos y piezas únicas en la historia de la música del siglo XX, y también con algunos de sus hallazgos musicales en lo que llevamos de siglo XXI. Para los bises elige Les Champs Magnétiques 2 de su álbum homónimo de 1981, en ese alegato por la búsqueda científica y tecnológica. Y se despidió con un himno como Quatrième Rendez-Vous. Un clásico que suena a logro, que sirve de celebración de la música como algo universal, que desvela los secretos del mundo y portadora de alegría.