La firma vallisoletana Palacio de Bornos nació en 1975, cinco años antes de que la DO Rueda se constituyera oficialmente como la primera dedicada exclusivamente a vinos blancos. Una acción llevó a la otra. Y es que, aunque viñedos de municipios como Rueda, La Seca o Serrada se registraran desde la Edad Media, fue en la segunda mitad del siglo XX cuando un pequeño grupo de productores comenzó a construir una nueva identidad alrededor del verdejo.
Palacio de Bornos fue parte de ese movimiento. Medio siglo después, su historia sigue ligada a la evolución de un territorio que pasó de ser un secreto local a convertirse en una de las grandes referencias internacionales del vino blanco español.
Una bodega pionera en una tierra de cambio
Actualmente, la bodega cuenta con 308 hectáreas repartidas entre Rueda, Pollos y La Seca, tres enclaves fundamentales para entender el carácter de sus vinos. Desde esas tierras nacen una docena de referencias que viajan a más de 25 países.
A lo largo de estas cinco décadas, la bodega ha sabido conjugar tradición e innovación. Fue una de las primeras en incorporar el cultivo en espaldera frente al sistema en vaso, con la que se mejoró el control del viñedo hacia una viticultura más precisa.
Mientras, en materia de variedades introdujo la Sauvignon Blanc en la denominación. Nuevas vías de experimentación que siguieron ampliando tras la elaboración de vinos espumosos dentro de la D.O. Rueda e incluso con la incursión en elaboraciones más complejas, de mayor capacidad de envejecimiento. Justo en esa línea se sitúa su nuevo lanzamiento conmemorativo: Palacio de Bornos Colección de Familia Sergio Hernández, un Gran Vino de Rueda de edición limitada.

Medio siglo mirando al futuro
Durante la celebración del aniversario en Rueda, desde la Junta de Castilla y León se destacó la contribución de la firma al desarrollo del territorio durante generaciones, subrayando su función como embajadoras de la tradición vitivinícola y del trabajo de viticultores y elaboradores.
En los últimos años, el grupo ha puesto la mira también en un principio clave de la viticultura. Un viñedo no se mide solo por las cosechas que entrega, sino por las generaciones de vinos que puede llegar a sostener. Así, ha desarrollado diferentes iniciativas para reducir su impacto ambiental, desde la disminución de la huella de carbono hasta sistemas de gestión responsable de los residuos del viñedo.