Cuenta Veiga que el hecho de que su voz se adecúe a las necesidades del audiolibro no tiene que ver con una particularidad de su registro vocal, o no solo, sino que es debido a su afición a leer en voz alta, que eso le ha dado una cadencia y un control del texto que, de otra manera, no hubiera tenido. Y es que, una de las claves de un buen audiolibro, es que el actor se haya familiarizado previamente con el texto, con su naturaleza íntima. Para ello, en la actualidad, una semana antes de la grabación les proporcionan el texto a los actores, para que lo vayan haciendo suyo. Las sesiones de grabación suelen ser de unas cuatro horas diarias, en unas pocas sesiones se suele grabar un libro de unas cuatrocientas páginas y, a diferencia de unos años atrás, ahora el audiolibro se lanza conjuntamente con el título físico, por lo que los plazos son más apremiantes.
Elsa Veiga, que además de ser la voz de algunos muchos audiolibros, se dedica a coordinar a los actores, nos cuenta que es importante controlar la voz, y entrenarla, trabajarla, de igual manera que hacen los actores que declaman o los cantantes, y eso pasa por el control del diafragma; pero, sin embargo, lo más importante es la emoción. Es saber transmitir la esencia anímica de la narración. Sin esa verdad profunda del texto, no hay nada que hacer, pues el sonido se vuelve monótono (aun en su perfección) y pierde su efectividad. No suele suceder, por contra, confiesa Veiga, que los actores caigan en la recitación homogénea, ya que los textos están vivos y, de alguna forma, al mimetizarse el actor con la narración (y habiéndola ya trabajado previamente), va siguiendo su cadencia y, por decirlo así, la historia se sostiene en su propio vilo. Claro que a veces se han de realizar pequeñas pausas o se ha retomar una escena en particular, pero, nos cuenta Veiga, son las menos. Luego vendrá la edición sonora, donde se quitan las respiraciones y eventualmente se modifican pequeños desarreglos, pero los textos se suelen grabar bastante de corrido.
Cada vez es más común que los propios escritores o escritoras sean quienes locutan sus propios textos, y opina Veiga que eso imbatible, “pues nadie mejor que un autor o una autora para transmitir la originalidad de su texto”. Son audiolibros que funcionan muy bien en el mercado y es que, en este caso, sobre todo en los libros de no ficción, la voz del autor marca la diferencia, ya que su comunidad los reconoce y respalda y agradece esa conexión íntima.
Respecto de la evolución del mercado del audio en español, se ha beneficiado mucho del auge de lo sonoro (la ficción sonora y el pódcast) y, a pesar de no ser tan grande como el monstruo norteamericano (donde, gracias a los largos desplazamientos en coche, la gente está más acostumbrada al audiolibro), en 2025 creció en 11 % respecto del año anterior. Una particularidad sí tiene el audio en español, en opinión de Elsa Veiga, y que lo diferencia de otros mercados europeos (particularmente el alemán y el inglés), y es la escucha del protestantismo, esa idea de la interpretación individual de las escrituras, la práctica de la oración contemplativa y, en definitiva, la comunicación directa y personal con lo divino. Los mediterráneos por contra, somos menos de mirar hacia dentro y más de gozar de exteriores. Vaya, que nos va más la marcha.