Edit nº212
Ilustración (detalle): Kiikii.Jova
Antes que tu cuerpo, estuvo el eco de tu voz. Fuiste latido, luego carne.
Aliento, después nombre. Un murmullo antes que abecedario, un susurro antes que poesía.
Un paseo por el Barrio de las Letras donde las calles no se andaban, te escuchaban. Todas las voces tatuadas en mis tímpanos de aquellas tardes de cine de verano y las que sintonizaba a todas horas tu pequeña radio en la cocina. Una eterna nana para mis sueños. Un faro sónico capaz de guiarme de vuelta a casa, aun cuando los ojos se nublaban.
Aún hoy eres la arquitectura sonora que sostiene mis tejados negros. Un fantasma leyéndome un libro en un solitario banco del Retiro. Una nota suspendida en la penumbra del Jardín Botánico. El duende de un quejido flamenco en una corrala de Lavapiés. El apuntador secreto de mi conciencia en este teatro que es la vida
Tu voz, es mi gravedad: la única que calla cuando todos ladran, la sombra que está cuando todos marchan. La frecuencia exacta de mis mejores recuerdos. La partitura de mis silencios. La audioguía de mi vida. Un grito de esperanza en la antena que corona la Gran Vía.
Porque la voz es el órdago del alma, llevo tu voz clavada en la mía, desde mi primera palabra.