Foto: bodegón de la edición en doble vinilo del "Rubber Soul" de The Beatles por su 60 aniversario
No es que los Beatles hubieran dejado de ser los Beatles. Más bien habían decidido que ser los Beatles podía significar muchas más cosas. Rubber Soul es el disco en el que el grupo empieza a mirar hacia dentro. Lennon y McCartney escriben sobre relaciones que se tuercen, recuerdos, inseguridades, soledad y pequeñas miserias sentimentales. In My Life convierte la nostalgia en una canción pop de apenas unos minutos; Nowhere Man retrata a un hombre perdido en medio de ninguna parte; Girl juega con el deseo y la frustración; Norwegian Wood introduce una historia de amor bastante menos inocente de lo que parecía habitual en los Beatles.
El pop empezaba a tener arrugas. También empezaba a fumar cosas distintas, musicalmente hablando. George Harrison había descubierto la música india y decidió que un sitar podía tener perfectamente un lugar en una canción pop occidental. Norwegian Wood abrió así una puerta hacia la psicodelia que los Beatles atravesarían de lleno poco después. El folk de Dylan, el soul estadounidense, el R&B, las armonías vocales y las nuevas posibilidades del estudio empezaban a mezclarse en un cóctel que, visto desde hoy, parece bastante normal. En 1965 no lo era tanto.

El primer álbum
Y ahí está una de las claves de Rubber Soul: los Beatles descubrieron que un álbum podía ser mucho más que una colección de singles. El LP comenzaba a convertirse en un territorio creativo. Había que escucharlo entero, no solo localizar la canción que sonaba en la radio y levantarse a cambiar de emisora. El concepto de “álbum” como obra artística estaba empezando a tomar forma.
Brian Wilson lo entendió inmediatamente. El cerebro de los Beach Boys escuchó Rubber Soul y vio el futuro. Su respuesta fue Pet Sounds, uno de los discos fundamentales de la historia del pop. Y los Beatles, naturalmente, escucharon Pet Sounds y respondieron con Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Así funciona la historia de la música: alguien lanza una piedra al estanque y otro músico, al otro lado, decide tirar una todavía más grande.
La influencia de Rubber Soul no se quedó en los Beatles ni en los Beach Boys. Los Rolling Stones recogieron parte de aquella nueva fascinación por las texturas orientales en Paint It, Black. Bob Dylan dialogó con la nueva escritura de Lennon. Joni Mitchell encontró en aquella manera de entender el álbum una referencia para su propia concepción de la canción. Y generaciones posteriores —de Kurt Cobain a artistas como Harry Styles o Phoebe Bridgers— han seguido encontrando en los Beatles de mediados de los sesenta una especie de permiso para entender el pop como algo más amplio, extraño y personal.
Lo verdaderamente revolucionario, sin embargo, quizá no fueran los instrumentos ni las influencias. Fue la actitud. Rubber Soul demostraba que una canción de tres minutos podía hablar de algo más complicado que “te quiero” o “déjame en paz”. Que una melodía pegadiza no estaba reñida con una letra inteligente. Que un grupo capaz de llenar estadios podía encerrarse en un estudio y experimentar como si nadie estuviera mirando.
Ahora Universal Music y Apple Corps vuelven a poner aquel momento bajo el microscopio con la nueva edición del 60º aniversario. El álbum aparece en nuevas mezclas estéreo y Dolby Atmos realizadas por Giles Martin y Sam Okell, acompañadas de la mezcla mono original y de la histórica versión estadounidense de Capitol. Pero quizá lo más interesante para el oyente curioso esté en el material adicional: demos, tomas alternativas y grabaciones de las sesiones que permiten escuchar cómo aquellas canciones fueron creciendo hasta convertirse en lo que conocemos.
Y eso cambia bastante la perspectiva. Porque escuchar Rubber Soul hoy sabiendo lo que ocurrió después puede hacer que todo parezca inevitable. No lo era. En 1965 nadie tenía la hoja de ruta que conduciría a Revolver, Sgt. Pepper, The White Album o Abbey Road. Los Beatles estaban simplemente probando cosas. Un sitar por aquí, una afinación diferente por allá, una armonía que no estaba prevista, una letra un poco más rara de lo habitual. Lo extraordinario es que muchas de aquellas pruebas acabaron convirtiéndose en el nuevo idioma del pop.
Quizá por eso Rubber Soul conserve algo que muchas obras maestras pierden con el tiempo: frescura. No suena como un monumento. Suena como un grupo de músicos que acaba de descubrir que puede hacer prácticamente lo que quiera.
Y eso, para unos tipos que apenas cuatro años antes tocaban en Hamburgo y unos meses después ya estaban cambiando la música popular, no estaba nada mal.