Foto de cabecera: imagen promocional de TySegall. Foto: Denée Segall
En la hornada de bandas de rock de las últimas dos décadas Ty Segall representa, junto a O’Sees, uno sus puntales. Inspirándose en Black Sabbath, The Stooges o Black Flag, el abanico y referencias musicales por las que se mueven, son amplias. El californiano ha sabido crear una fórmula tremendamente enérgica y original a partes iguales; componer álbumes a una velocidad de relámpago, y consolidar, con cada nuevo álbum y gira, su carrera desde aquel debut de 2008.
El concierto de Madrid expuso toda la rica amalgama que contiene Chrome, explorando la totalidad del disco, desde ‘Hospital’ pasando por el single ‘Black Paint’, ‘Running to Nowhere’, ‘Everyrhing You’ve Been’ o’Play Cowboys’. Intercalando la inmediatez del riff y el carácter instantáneo de canciones de 3, 4 minutos con otras de mayor duración, intensidad y soliloquios rockísticos.
Le acompaña una banda súper solvente. Con Ben Boye a la teclas y programaciones creando atmósferas y lanzando samplers; Mikal Cronin, clásico de la escena y fiel compañero de Segall, marcando las líneas de bajo e imponiendo ritmo junto a Evan Burrows a la batería. El guitarrista Emmett Kelly complementa el buen hacer de riffs y solos de Ty Segall.
Las canciones se sucedían en un frenesí adictivo que buscaba la conexión colectiva. La banda establecía una expansión sónica que se perpetuaba, que ascendía a buena intensidad, a todo trapo, mientras el público que llenaba la sala entraba en pogos, agitaba sus cabezas (y sus melenas) y algunos volaban entre la masa como queriendo dejarse llevar por esa magia del rock de intenciones epicúreas.
Hubo parada de honor para Melted (2014) quizás su álbum más celebrado y el que elevó a Ty Segall a otra dimensión, al reconocimiento más global. Fueron grandísimas ‘Feel’, Thank God for Sinners’, ‘Girlfriend’, ‘Separation’ o ‘She’ con esa basculación entre el hard rock, el metal, la psicodelia o el sonido sucio garagero.
Sin embargo, como la banda había empezado muy arriba, a tope de revoluciones, la intensidad parecía que iba decayendo, repitiendo patrones o esquemas. A pesar del buen hacer y desempeño de una banda solida y con una alquimia imparable.
En los bises miró a los inicios a través de ‘Oh Mary’ y »Cherry Red’ y revisó clásicos como ‘Hey Joe’, ‘Wild Thing’ o ‘L.A Woman’ en una mezcla rodada y bien ensamblada como un todo a una. La sala sonó radiante, las canciones con músculo y la banda demostró su perfecto estado de forma. La intensidad no fue redonda. Pero creo que todos los asistentes quedamos satisfechos. El rock sigue mutando y demostrando su libertad y su rotundidad argumental. Larga vida a bandas como Ty Segall que nos hacen vivir el directo como algo único y una experiencia total.