Fotos: archivos de Polish Tourism Organisation
La mayoría se formaron en la Escuela Superior de Cine de Łódź, ciudad que destaca como importante centro de producción cinematográfica y que se autodenomina, con orgullo y humor, “HollyŁódź”, el Hollywood polaco.
El cine polaco alcanzó proyección internacional en la década de los 60 del siglo pasado. Varios directores sorprendieron tanto a los cinéfilos como a la crítica internacional con películas innovadoras y auténticas. Łódź, situada en el centro del país, ha sido históricamente un importante cruce de rutas comerciales. Su gran desarrollo llegó en el siglo XIX, cuando emprendedores polacos, judíos, alemanes y rusos transformaron una pequeña localidad en un potente núcleo industrial textil. Este pasado multicultural y dinámico fue retratado por el Premio Nobel Władysław Reymont en su novela La tierra de la gran promesa, llevada al cine por Andrzej Wajda.

La ciudad conserva ese aire industrial combinado con la elegancia de los palacios de los magnates textiles, como el Palacio Poznański, actual Museo de la Ciudad. Łódź ha sido escenario de numerosos rodajes, incluida la adaptación de la obra de Reymont. Las referencias al cine están por todas partes: desde su Paseo de la Fama hasta producciones recientes como Ida y Cold War, de Paweł Pawlikowski, rodadas aquí.
La emblemática calle Piotrkowska resume el carácter de la ciudad, aunque hay muchos puntos de interés. Antiguas fábricas reconvertidas en espacios culturales acogen museos, exposiciones y rodajes. A una hora en tren desde Varsovia, Łódź cuenta también con un interesante Museo de Cinematografía que incluye un apartado dedicado al cine de animación. No en vano, la histórica productora SE-MA-FOR obtuvo un Óscar por el cortometraje Pedro y el lobo.
Cuna de la animación
Siguiendo la ruta hacia el sur, cerca de la frontera con Chequia, encontramos Bielsko-Biała. Esta acogedora ciudad de montaña, rodeada de estaciones de esquí, es conocida tanto por su industria automovilística como por ser cuna de populares producciones de animación. Aquí nacieron los entrañables personajes de Bolek y Lolek, serie emitida en España. Bielsko-Biała protagonizó una curiosa anécdota: los vecinos regalaron al actor Tom Hanks un Fiat 126p restaurado, el equivalente polaco del Seat 600, del que el actor es declarado admirador. La zona combina cultura y naturaleza en destinos cercanos como Szczyrk, Wisła o Żywiec, incluso para realizar senderismo hasta el nacimiento del río Vístula.
Cracovia: el cine y la historia cobran vida
Cuando hablamos de cine en Polonia vinculado a la historia universal, dos títulos resultan imprescindibles: La lista de Schindler, de Steven Spielberg, y El pianista, de Roman Polanski.
Cracovia, y en particular su histórico barrio judío de Kazimierz, fue uno de los principales escenarios de la primera. Hay rutas temáticas, y se puede visitar el Museo de la Fábrica de Oskar Schindler, ubicado en un edificio original. En su casco antiguo, vibrante y acogedor, confluyen historia y vida cotidiana. El anillo verde del parque Planty conduce hasta la impresionante plaza Rynek Główny. Iglesias, museos, terrazas y la emblemática Lonja de los Paños conforman un entorno lleno de vida. Entre sus tesoros destaca el Museo Czartoryski, donde se expone La dama del armiño de Leonardo da Vinci, protagonista también de la película Vinci.
La capital, en plano secuencia

Otra ciudad imprescindible es Varsovia, profundamente marcada por la historia que narra El pianista. Basada en las memorias de Władysław Szpilman, retrata una ciudad devastada que logró renacer. Combina su casco antiguo reconstruido —Patrimonio de la Humanidad— con una arquitectura moderna y un ambiente dinámico.
Ofrece múltiples recorridos: desde rutas históricas y musicales dedicadas a Chopin, hasta itinerarios que exploran su pasado comunista o su actual escena alternativa en el barrio de Praga. También destaca el Museo del Cartel, que refleja la singular tradición gráfica polaca vinculada al cine, el teatro y la cultura visual.