Foto de cabecera. Felipe Sexo
Un meme fue lo que propició la creación de un grupo formado por cinco chavales normales de Madrid con “trabajos que dan muchísimo dinero”, desde camareros, periodistas o actores hasta comercial de fertilizantes o empleado en el Ministerio de Cultura.
En noviembre de 2024 se juntaron en un estudio y grabaron su primera canción. Un año y poco después, en enero de 2026, se han subido al escenario de la Wurlitzer para presentar su EP debut junto al grupo Desayuno con tu perro -donde el cantante es Magda, a su vez guitarrista de Felipe Sexo-. Compuesto de cuatro temas, este trabajo homónimo ha sido producido por Guiem Rigo y masterizado por Guille Mostaza en los estudios Álamo Shock.
Meses después de encontrarme su correo de presentación en mi bandeja de spam, entre risas y cervezas, he podido charlar un ratito -y hacerles su primera entrevista- con Diego (batería), Pablo (guitarra) y Dani “Kale” (cantante) sobre su primer EP, las dificultades que atraviesan las bandas emergentes, las tendencias de la industria musical actual y la precariedad juvenil. Faltaron Álvaro “Magda” (guitarra) y Alfredo “Ferry” (bajo).
¿Por qué ese nombre?
Pablo: El nombre se me ocurrió a mí. Bueno, lo vi en un meme de Instagram. Otros amigos y yo, de broma, dijimos que si tuviéramos un grupo se llamaría así. Y a Kale le hizo gracia.
Diego: Yo lo recuerdo un poco como la peli de Ocean’s Eleven cuando van eligiendo a la gente. Kale fue a cada uno de nosotros y nos dijo: quiero montar un grupo y solo tengo el nombre, se llama Felipe Sexo. Formó un grupo de Whatsapp y quedamos para ensayar un día. Fue llegar al local y decir, “bueno chavales, habrá que componer un tema». A la hora y media teníamos ya una canción más o menos montada que además sonaba muy guay, aunque luego no ha salido en el EP, pero la cantamos en los conciertos. Se llama Red Flag.
Pablo: Joder Juan nos ofreció un concierto, nuestro primer concierto. Y así nos propusimos grabar un EP.
¿De cuánto fue vuestra primera inversión?
D: Más o menos, un disco de estas características puede valerte de 1000 a 1500 euros. Eso más lo que te gastes en merchandising, en producción y demás. Todos venimos de profesiones precarias y es una inversión considerable. Yo creo que se empiezan a poner serios los grupos cuando se dejan pasta. Hay que invertir en ensayar en locales, en instrumentos; algunos se los han comprado nuevos.
¿Qué escucháis cada uno?
Kale: Ferry es metalero a muerte. Aunque también le flipa el flamenco. Y Magda tiene un espectro mucho más amplio. Todo lo emo noventero. American Football es su grupo favorito. De hecho, Desayuno con tu perro, su otro grupo, tira más por ese lado.
D: Sí, yo, por ejemplo, soy super popy. Mi grupo favorito siempre ha sido La Casa Azul y ahora me flipa El Buen Hijo, Cupido.
Pablo: Yo también escucho metal, sobre todo. Pero en los últimos años, cuando empecé a componer, me puse a escuchar mucha música española. Me nutro de más grupos españoles recientes.
K: Desde chaval escuchaba mucho rap. Ahora, la verdad es que ya no tanto. Estoy escuchando mucho Mala Gestión, me gustan muchos los chavales de Error 97, Biznaga también o Caos Urbano, que son de nuestro barrio.
Vuestro primer EP es punk-rock.
D: Justo estamos en pleno debate interno. Cuando haces el EP y lo subes a Spotify, tienes que poner los géneros, primario y secundario. Y dijimos, pues punk y rock. Pero claro, es que eso es un abanico súper grande.
P: Es una etiqueta genérica, ¿no? De música de guitarras.
D: Si escuchas las cuatro canciones del EP, son bastante diferentes entre sí. La playa de Madrid es como un punk ‘macarrita’, un poco festivalero y veraniego. Luego tienes Afrancesados, que sigue esa ironía, pero es un poco más durilla. Sobre las cenizas es mucho más melódica y es más de añoranza, más sentimental. Y Yo hablaba que directamente es una canción de amor. Dentro de ese espectro, tienes como cuatro versiones de nosotros.
¿Os sentís representados?
D: Nosotros queremos tomar una dirección dentro de estos caminos, entendiendo que todos ellos nos gustan, que esa es la putada. Tenemos que ver si esas canciones las queremos dentro de un sonido en específico, dentro de una estética… Es básicamente buscar nuestro rollo, como quien dice.
K: Lo que nos apetezca en cada momento. A lo mejor ahora queremos tirar por una cosa más canalla y, de repente, en dos años la vivienda sigue como está y estamos súper tristes.
D: Sí que hay cosas que vertebran y unen todo. Y yo creo que la principal es la visión irónica que tenemos de la vida. Hablamos de la novia que nos ha dejado, o de ir en verano al Pantano de San Juan, pero dentro de una visión un poco ácida.
“Crisis de edad e identidad madrileña”. ¿Cada cuántos años pensáis que se tiene una crisis de edad?
P: Cada año.
D: Esa historia de la crisis de los 30 es mentira. La crisis de los 25 también. Yo vivo una crisis cada año, de plantearte quién quieres ser o cómo quieres actuar. También el grupo es un poco terapia en general. Cantamos sobre las cosas que nos pasan y vivimos esa precariedad y esas crisis constantes.
K: Cada vez que alguien cercano vive un evento importante como tener un hijo o casarse… ¿Yo estoy bien o estoy mal? Pasa mucho eso que te dicen: voy a ser padre. Y tú contestas: pues yo tengo un grupo.
¿Y de qué manera habéis trabajado la identidad visual?
P: El diseño principal se le ocurrió a Magda, que hizo La Playa de Madrid y creó un poco el primer estilo principal que es un rectángulo, un color y un pequeño mapa del Pantano de San Juan.
D: Esa es otra discusión. Es verdad que cuando formas una cosa nueva te cuesta mucho encontrar una identidad visual que te guste.
P: La playa de Madrid es el rojo por Madrid. El amarillo de Sobre las cenizas porque es la Costa del Sol. Y Afrancesados es el azul por la bandera de Francia.
Yo os conocí a raíz de Afrancesados.
D: Ahora está muy de moda lo de meterse con los franceses, pero esta canción en realidad dice cosas ‘guays’ de Francia y de España.
¿Y cómo veis ahora el tema de las redes? ¿Pensáis que es algo indispensable o es una herramienta más? Hay artistas que se vuelven virales en Instagram y acaban tocando en los Grammy.
K: Es totalmente indispensable. Yo no soy tan crítico con las redes. Tampoco creo que tengamos unas redes de la hostia, pero yo me lo paso bien cuando subimos tonterías.
D: Yo no quiero ser tampoco el típico boomer que dice que las redes son el demonio. Hay que llevarlas porque se han convertido en una pieza más. Te pueden gustar más o menos… Para mí funcionan muy bien como herramienta sobre todo de contacto entre bandas y entre músicos. El tener que estar siempre presente, pues a nosotros que no somos una generación que haya vivido con eso, nos parece un poco coñazo. Y lo intentamos según se puede. Tampoco nos obsesionamos.
¿Y en qué estáis trabajando ahora?
K: Ahora estamos queriendo componer. Ya tenemos una canción que la tocamos en el último concierto, que la tenía Diego en la reserva (de 2016). Ha envejecido bien y funcionó en directo. Empezamos a soltar letras que teníamos y la idea es grabar dentro de poco.
P: Para diciembre en el Wizink (risas).
D: Al final un grupo tiene que estar como siempre en constante movimiento y haciendo cosas para no morir. Siempre pasa que después de un evento canónico, por así decirlo, te apagas un poco. Cuando hicimos el concierto en la Wurli, sentimentalmente nos llenó muchísimo, el ver a 200 personas a tope. Pero después nos quedamos como un poco apagados pensado qué hacer; como que tenemos que buscar otra vez objetivos.
¿Os veremos en Madrid próximamente?
K: En mayo tenemos un bolo y estamos intentando mover más cosas.
P: Sí, en las fiestas del ensanche de Vallecas. Autogestionadas. Ahora mismo somos como el cómico este que anima antes de que salga Buenafuente.
D: Estamos en ese punto de desconocimiento. A mí me mola mucho tener un grupo en esta fase de gestación porque no te conoce nadie. Pero es muy jodido acercarte a festivales.
¿Vuestro objetivo es dedicaros a esto?
K: Yo cualquier cosa que sea salir del bar…
D: Yo siempre he tenido como la ilusión, no sé si de dedicarme a esto, pero sí de tener un reconocimiento lo suficientemente grande como para poder hacer muchos bolos y que la gente venga. Al final tú compones para enseñarlo.
P: Si estás trabajando 7 u 8 horas al día, tienes que usar tu tiempo libre para componer, además del dinero de tu trabajo para comprar más material. Como hobby es demasiado caro. Si lo puedes tener como trabajo, mejor.
D: Hace poco estuve viendo una charla de C. Tangana donde hablaba de cuánto tiempo se está dedicando ahora a estar en el estudio porque está volviendo a grabar. Y el tío dice que de media se tira 10-12 horas todos los días. Pues es una cosa que cualquier persona que hace música le gustaría, pero es imposible gestionarla con un trabajo, con la vida en general. Cuando hablamos con otros grupos, a lo mejor que sean un poco más conocidos, la mayoría siguen manteniendo un curro. Es muy difícil saltar a un nivel en el que te puedas dedicar solo a esto.
¿Qué meta os marcáis de aquí a un año?
P: Grabar. Necesitamos grabar para tener por lo menos un disco. Aunque el año que viene querría tocar ya en el Canela Party.
D: Sí, yo estoy también con Pablo. Un disquito estaría bien, o por lo menos seguir grabando y que la gente nos conozca más. Seguir tocando. Yo creo que en directo hemos mejorado y, por eso, hay que seguir dando bolos.
K: Nunca he tenido una sensación tan satisfactoria o de adrenalina que dando conciertos. Y soy actor de profesión.
¿Por qué elegisteis la Wurlitzer para estrenaros? Yo acabo ahí en las noches más random.
P: Siempre está abierta.
D: Acabamos de hablar de eso, de que es la mejor sala para ir cuando no sabes dónde ir. Es una de esas salas donde siempre pasan cosas. Es pequeña, pero te trata tan bien, como si fueras el mejor grupo de la historia; las condiciones son muy buenas. Porque eso hay que hablarlo y es una cosa que es chunga, las condiciones de las salas de Madrid y en general de las salas en España. Tener que alquilar el recinto antes, tener que pagar mucha pasta…
Antes los grupos iban a medias con la sala.
D: Y además en España es un país en el que pasa siempre. Te vas a Reino Unido y allí puedes tocar gratis en cualquier sitio. Al final es un win to win. Tú pones la música y el bar trae la clientela. En la Wurli se hace así. Yo a veces voy sin saber quién toca y pago los 10 euros simplemente porque me gusta el bar y sé que programa conciertos buenos. Pues así debería ser, pero claro, quieren hacer negocio y entonces cobran esos alquileres que muchas veces son prohibitivos para bandas pequeñas.
¿Vais a ver alguno a Bad Bunny o a Rosalía? ¿Pagaríais por verlos?
D: Yo sí, voy dos días seguidos. Rosalía, si me hubiera gustado el disco, hubiera pagado también, porque el anterior me gustó bastante.
K: No soy un hater de ninguno, pero no me llaman tanto.
D: No somos el típico grupo que hace una música más independiente o más underground, y que se queja de lo mainstream, o que dice que lo mainstream es una mierda. Es una cosa que puede convivir: te puede gustar Bad Bunny y luego ser el más punky. Hay un punto de creerse mejor que el resto dentro de la música underground, que no lo entiendo. La música está para disfrutarla.
¿Pensáis que las entradas están muy caras?
D: Las entradas para ese tipo de conciertos, sí. Pero sigue habiendo precios populares. Si quieres ver al grupo de tu barrio, Toldos Verdes son 15-20€. Me parece regalado. Ha subido de tabla media para arriba.
K: Ahora los conciertos son también un espectáculo. Hay otra relación con las grandes estrellas.
D: En 2025 se ha roto otra vez el récord de venta de entradas. Pero, lo mismo, de medio para arriba. Ahora se invierte mucho más en marketing, pero un grupo pequeño no se lo puede permitir. Eso y el rollo del FOMO también. Todo el mundo quiere estar ahí y ver a Bad Bunny. Tu colega va a preferir ir a verle a él que a ti.