Foto de cabecera © Jorge T. Gómez
El estadounidense Will Oldham (Louisville, 1970) siempre se ha movido en el underground, muy cercano a esa música de raíces que abraza el folk más sinuoso, el country alternativo más áspero, que rebusca en las profundidades del ser y un alma blues esplendorosa. Utilizó su nombre Will Oldham, en álbumes como el magnífico ‘Joya’ (1997). A partir de 1999 pasó a llamarse Bonnie Prince Billy. Empezó como Palace, tomando diversos nombres como Palace Brothers, Palace Songs, aunque quizás el más conocido fue Palace Music, en esa época conoció a los madrileños Migala, con los que giró por Europa, y con los que mantuvo una cercanía especial.
Bonnie Prince Billy es un músico con una vasta discografía. Explorando siempre en esa música de raíces, con una mirada amplia y rica, y convirtiendo en grandes canciones hasta los bocetos y bosquejos más atrevidos. Y dando quiebros, giros y vueltas siempre a su cancionero, a lo conceptual, yendo hacia el bluegrass, banjo mediante, entre lo festivo y lo íntimo, entre la celebración colectiva y el regocijo solitario. Su carrera no deja a nadie indiferente, es uno de los grandes nombres de la música de raíces norteamericana. También cuida con mucha finura sus textos.
Cierto es, que no se ha prodigado mucho en directo. Así que su concierto madrileño en el Teatro Eslava causó tanta expectación que agotó localidades pronto. Yo no tenía un buen día, y a punto estuve de no asistir, pero me dije que lo lamentaría, porque nunca le había visto. Puedo asegurar que lo que vi fue algo único. A un músico en estado de gracia, con una modestia y un buen hacer excelso. Bonnie Prince Billy venía acompañado de tres músicos, una mandolina, una guitarra eléctrica, Oldham a la acústica y un saxo (y flauta). Una banda que sonó brillante, espectacular. Cada instrumento en su sitio. Sin bajo, sin percusiones. Parecía una misa musical entorno al padre Bonnie Prince Billy cuya voz colma el espacio, penetra los sentidos.
Me acomodé cerca de mesa de sonido y pude disfrutar de uno de los grandes conciertos de este año. Así, sin contemplaciones. Me crucé con gente totalmente entregada al concierto: periodistas como Iñigo López Palacios, Igor López, Anadara Peña o Sendoa Bilbao, melómanos como Blanca Orcasitas o Jorge T. Gómez (impresionantes siempre sus fotos), Manu Torresano de la distribuidora Music As Usual, a promotores como Jaime de Houston Party, o a músicos como Ana Franco (de Coffee and Wine).
Bonnie Prince Billy desplegó copiosamente las grandes joyas de su cancionero. De Palace Music acudió a los álbumes ‘Viva Last Blues’ (1995) y ‘Lost Blues and Other Songs’ (1997) y nos regaló clásicos como un ‘Horses’ devastador, en esa dicotomía entre el ángel y el demonio: emocionante y grandilocuente; la combinación de ‘The Brut Choir’ y ‘New Partner’ sonando a lamentos y a conjuras; o una ‘West Palm Beach’ alucinante, como si la marea y la desgana arreciasen con cierta fuerza. Colmaba desolación de whisky bar, piano mediante, ‘Werner’s Last Blues to Blokbuster’. Del álbum ‘Joya’ rebosaba enigmática ‘Antagonism’. Acercándose al presente, ‘The Purple Bird’ (2025)’, del que sonaron la maravillosa ‘London May’, también una sublime ‘Boise, Ohio’ y ‘Our Home’ que es puro encuentro y celebración. De su anterior álbum ‘Keeping Secrets Will Destroy You’, sonó el goce desnudo de ‘Like It or Not’, la fantástica ‘Blood of Wine’ y la gloriosa ‘Rise and Rule (She Was Born in Honolulu)’.
De ‘The Letting Go’ (2006) nos embelesó con ‘Lay and Love’, una canción de confesiones y complicidades. Quizás una canción de amor perfecta. Pero también con la grandeza de ‘Strange Form of Life’, una canción que crece y crece, y que también habla de conexiones casi de mayores dimensiones. La sorpresa vino cuando salieron Migala al completo, desde 2005 que no se juntaban Migala en un escenario, y fue algo único. Otro hechizo más de la noche, rememorando esa época de finales de los 90s con tres canciones de Palace Music y Will Oldham. En la recta final ‘I See A Darkness’ sonó fulminante, etérea, hermosa. Se despidió con ‘64’ y ‘Like It or Not’, habiendo exhibido lo mejor de su legado. Ojalá no tarde tanto en volver y que siga cautivando teatros y proyectando esas canciones eternas.