Edit nº210
Desde una atalaya en lo alto del tiempo y del espacio la ciudad se divisa distinta. Con el amanecer del estrenado año, los inaugurales destellos de luz bañan sus emblemáticos tejados reiniciados de esperanza. Madrid desde aquí parece poder cogerse con la palma de la mano. La distancia se mide con la punta de los dedos; sus monstruos se encogen hasta perder la medida del miedo; el odio se disuelve tras el horizonte de un recién parido seis benévolo. Un dos y un seis abren un nuevo cuarto del Siglo XXI. Un veintiséis, colmado de promesas calladas, de armonía y dialogo tras la tensión, de empatía y responsabilidad compartida, de aprendizaje colectivo. El sol camina irrevocable hacia una luna nueva sobre la urbe que nunca duerme cuyas farolas en la noche se ven desde las alturas calmadas y cálidas. Por la Gran Vía bajan nuevos vientos, una brisa que invade las calles más estrechas y acaricia los sueños de quienes duermen tras los balcones de cada barrio. Madrid bajo los pies es un mapa de pequeñas historias en las esquinas. Desde la lejanía nos recuerda que lo infinito cabe en lo cotidiano y se puede mirar sin prisas. Que tiene sus fechas marcadas en el calendario, pero que lo más importante es lo que late tras sus muros cada día.
Este nuevo almanaque de papel contiene memoria y recuerdos, un sendero de pistas de lo que está por llegar, ilustraciones para viajar a través de universos más allá de lo que alcanzan a ver nuestros ojos, pero, sobre todo, espacios en blanco que, como los silencios en la música, invitan a vivir bajo la utopía que siempre tiñe la cultura.