Durante décadas, desde que en 1985 se plantaran alrededor del monasterio las primeras hectáreas de Tempranillo y Graciano, Barón de Ley operó a puerta cerrada, con sus secretos guardados tras los muros. Esto otorgaba a la propiedad el misticismo enológico propio de un château bordelés en plena Rioja. Ahora la bodega abre sus grandes portones al público y, como duendes, allí estuvimos para ser testigos de los misterios que encierra. El equipo de Barón de Ley nos abrió su casa con esa cercanía y pausa de la gente de provincias y de los pequeños pueblos que tanto aprecia y añora el madrileño. Nos guiaron por una experiencia enoturística sensible y auténtica repleta de historias que, como el buen vino, quedan alojadas en la memoria. Y es que si algo diferencia esta propuesta de enoturismo es toda la historia que encierra.
Paisaje y paisanaje: El Ebro y la vid
El viaje a Barón de Ley comienza en la propia retina. Los ojos pueden perderse entre el infinito del verde del viñedo y el cielo; un tapiz vivo de 600 hectáreas de viñedo propio que envuelve al visitante en una desconexión absoluta. El secreto de una gran bodega nunca está en las fórmulas, sino en el suelo. Aquí el Ebro impone su aliento, templando el clima y dotando a estas cepas de microclimas muy inusuales.
En sus viñas conviven hasta diez variedades autóctonas de la D.O.Ca Rioja. Cada año se vendimian 17 millones de kilos de uva para seleccionar algo más de 1,8 millones de kilos que se miman y recolectan de forma totalmente manual.
Monjes benedictinos y romanticismo
Los monjes benedictinos no eran religiosos de clausura contemplativa, sino que combinaban la oración con el trabajo manual estricto. Fueron grandes ingenieros agrícolas: allá donde fundaban un monasterio, saneaban la tierra, canalizaban el agua y plantaban viñas. El vino era parte de su sustento diario y una muestra de hospitalidad ineludible para los peregrinos.
El corazón gravitacional de la finca es, sin duda, su monasterio de 1548. Levantado por orden del Conde de Benavente, pasó muy pronto a manos de la orden benedictina, cuyos miembros entendieron hace casi quinientos años que este enclave poseía la energía telúrica perfecta para el cultivo de la vid.
Tras la desamortización del siglo XIX, este monasterio se transformó en el cuartel general y refugio de Martín Zurbano, un legendario guerrillero liberal y héroe romántico español cuya rebeldía e indomable carácter forman parte del universo y las elaboraciones más icónicas de Barón de Ley.
El monasterio, además de la antigua sacristía, incluye los aposentos de la familia Jiménez, posterior propietaria de la finca, con muebles de época originales que recrean los años dorados de finales del siglo XIX. También se conservan las austeras celdas de los monjes y la bodega del monasterio, donde hoy envejecen sus vinos más exclusivos. En el recorrido destaca el Salón del Consejo, espacio donde se reunían accionistas e inversores y que nos recuerda que la compañía cotizó en la Bolsa española entre 1997 y 2021.
Sus numerosas hectáreas dan para mucho más en la visita. El contrapunto perfecto a la mística renacentista es el coloso subterráneo de la bodega: su espectacular sala de crianza. Un mar geométrico de 31.000 barricas de roble que ostenta el título de ser la segunda más grande del mundo. El impacto visual al entrar es tan sobrecogedor como el olor: un aroma a vino que no se olvida. Una auténtica catedral donde millones de litros respiran al unísono en las condiciones más idóneas posibles.
La revolución silenciosa
En nuestro paso por la finca, contamos con el privilegio de caminar junto a Pablo Tascón, director técnico y enólogo de Barón de Ley. Su filosofía es clara: «Los vinos se hacen en la viña; todo lo demás es un proceso que trata, simplemente, de no estropearlos». Toda una declaración de principios en su empeño por desnudar al vino de maquillajes innecesarios para que hable el suelo calcáreo.
De su mano pudimos probar el vino antes de pasar por el proceso de crianza y estabilización en barrica y botella. Es lo que en el argot técnico y popular se conoce como catar el vino en «rama». Existe una parte de la bodega destinada exclusivamente a explorar vinos singulares. Hablamos de joyas ocultas en las que el equipo enológico lleva trabajando diez años en estricto secreto; ensayos con variedades autóctonas que todavía no han salido a la calle y aguardan el momento exacto para ver la luz. En palabras del propio Tascón: “Da igual el tiempo que llevemos, solo saldrán cuando los vinos nos digan que están listos”.
El viaje concluye con tres vinos icónicos de la bodega, armonizados con una excelsa selección de ibéricos de bellota criados en las dehesas extremeñas propiedad del propio grupo familiar.
HOJA DE RUTA
Horario: De martes a sábados (turnos fijos a las 10:30 h y 12:30 h)
Tiempo: 90 minutos de recorrido inmersivo
Aforo: sesiones exclusivas limitadas a 14 asistentes por pase
Idiomas: Rutas guiadas en castellano o inglés
Precio: 30 € por asistente
Localizacion: Carretera Mendavia – Lodosa, km 5,5 (Mendavia, Navarra)
Reservas: https://barondeley.com/visitas/