Foto: Polly Borland
Por eso, cuando una sonrisa intenta abrirse paso, su rostro se tensa, sus dientes asoman tímidamente… y enseguida todo vuelve a su estado habitual. y por eso sorprende que, alcanzados los 45 años, proclame en su nuevo disco, Nocturama que «la vida es maravillosa».
Nick Cave irrumpe en la habitación de su hotel y se hace el silencio. Alto y delgadísimo, embutido en una chaqueta de terciopelo verde, ofrece su mano gélida a todos los presentes. La chica de la discográfica le trata con un respeto reverencial. El camarero le sirve té sin atreverse a mirarle a los ojos. Cave se sienta, remueve con parsimonia el contenido de su taza y unos segundos después, anuncia: «Comencemos».
Al momento, la imagen de misántropo se desvanece. Cave escucha atentamente, piensa sus respuestas con calma y se esfuerza por hacerse entender. Al final, agradece el tiempo y el interés de los periodistas. «No coincido con la percepción que la gente tiene de mí» reconoce, «se me toma demasiado en serio. Casi nadie se da cuenta de que gran parte de mi trabajo es pura comedia. Creo que soy uno de los pocos cantantes que intenta de verdad hacer canciones que hagan gracia a la gente. No creo que Bono, al que todo el mundo encuentra tan simpático, intente componer canciones cómicas. Por eso encuentro tan paradójico que se me considere el cabrón más amargado del planeta».
Nocturama, su duodécimo disco junto a los Bad Seeds, ofrece algunas muestras de este peculiar sentido del humor. El irónico homenaje a los vídeos de pop americano del clip de Bring it on es solo un ejemplo. «Le pregunté al director (Uohn Hillcoat): ‘¿Cómo son ahora los vídeos de la MTV?’ Me respondió: ‘Básicamente consisten en un montón de chicas negras moviendo el culo’. Y yo le contesté: ‘Pues eso es exactamente lo que quiero’».
Nadie lo habría imaginado hace veinte años. Entonces, Cave estaba sumergido en una descomunal adicción a la heroína y, cuenta la leyenda, que escribía sus canciones con una jeringuilla llena de su propia sangre. De hecho, pocos habrían apostado que el australiano alcanzaría los 45 años, estaría felizmente casado, tendría tres hijos y vivirla en una bonita casa junto al mar. Por eso rechina que Nick Cave titule una canción Wonderful life. O que enumere sin dudar las cosas que le hacen amar la vida: «El mar, el viento, las primaveras en Londres, las crías de animales, los jardines bonitos y los pingüinos». Pero que nadie se asuste: a pesar del vídeo de Bring it on, Nick Cave no se ha pasado al pop-punk descerebrado de Offspring. Sí, Nocturama nos muestra al Cave más luminoso, pero su peculiar mezcla de rock, punk, blues y gospel sigue sonando inquietante y sus palabras favoritas (odio, sexo, muerte y Dios) no han cambiado. Y el australiano no tiene problemas en reconocer que la estabilidad no ha atemperado su mal humor. «Me paso gran parte del tiempo cabreado. Hay muchas cosas que odio en este mundo, los anuncios de Coca-Cola, el olor de los McDonalds, los taxistas racistas, el periodismo basura, la hipocresía, la opresión y las berenjenas. Pero, sobre todo, el ruido. Este mundo es jodidamente ruidoso».
En busca de silencio y reposo tras dos décadas de autodestrucción, Cave abandonó el buIlicio de Londres y se retiro a Brighton. Todas las mañanas se levanta, besa a su mujer y se encierra en su oficina. Trabaja de siete a cinco, siempre diez horas día tras día. «La rutina es mi clave para sobrevivir». Nick Cave se ha convertido en lo más parecido a un funcionario en el mundo del rock («sigo siendo un letrista rock, nunca un poeta») que, a partir de ahora, publicará discos más a menudo. «Si los sacas cada tres años y la cagas, pasa demasiado tiempo hasta que puedes redimirte. La presión se nota en los resultados».
Así que los Bad Seeds han dicho adiós a la carretera para centrarse en el estudio. De hecho, Cave ya ha compuesto la mitad de su siguiente disco. «Vamos a seguir como en este disco: grabando en un par de tomas, sin apenas ensayar». Un método llevado al extremo en Babe, I’m on fire una arrebatadora letanía de cuarenta estrofas y quince minutos que los Bad Seeds grabaron tras ensayar solo una vez. «Me arrepiento de haber recargado el sonido en mis discos de los ochenta. Lo fácil es inventarte una melodía nueva que añadir a un tema. Es mas difícil aprovechar los silencios. Mi gran objetivo es, como Dylan, Neil Young o Nina Simone, componer canciones que sigan emocionando dentro de veinte años. De ellos he aprendido que la sencillez es el único camino».
Nocturama está editado por Mute/Everlasting
